Nos dice Cristo en este hermoso pasaje que, ni uno
ni otro se
preocupan de mejorar, ni piensan en el
mañana. Simplemente, están
en
armonía con la naturaleza y... son
felices. Su vida puede tener problemas y
peligros y depredadores, y pueden hasta ser
destruídos o devorados. Pero
han sido felices y, a pesar de los accidentes, han
estado siempre
sintonizados con todo, incluso con quienes los han
destruído o devorado,
porque está en su naturaleza destruirlos
o devorarlos.
¿Y nosotros? Nosotros, que somos
autoconscientes y que tenemos
mente y que pensamos en el mañana,
¿qué habremos de hacer para ser
felices, es decir, para estar en armonía
con el universo? Exactamente lo
mismo: Vivir, hacer frente a los problemas y
peligros y, si se impone, "ser
devorados", pero sin odio, sin
preocupación, sin romper esa sintonía con
todo. Sólo así seremos
felices. Y ese es el mensaje del citado pasaje
evangélico.