Como individuos, cada
uno de nosotros vivimos en un miedo
permanente a todo, y en
una búsqueda de amor que, lo sepamos o no, lo
reconozcamos o no,
representa para nosotros la seguridad. Pero
colectivamente, como
conjunto, hemos perdido el miedo. Y ése es el
problema actual de la
Humanidad.
Me explico: El miedo
supone siempre una mirada hacia el futuro.
Nadie tiene miedo del
pasado. Y el miedo al futuro puede perderse sólo de
dos maneras.
La primera, consiste en
no mirar al futuro, en no fijarse más que en el
momento presente, en no
prevenir, en no soñar, en no prepararse, en no
meditar, en no aprender
del pasado, en no pensar adónde se quiere ir, en
buscar sólo
lo que el presente, fugacísimo y realmente inexistente, nos
puede ofrecer, en
ignorar conscientemente que el mañana llegará de
modo
inevitable y nos
alcanzará y que ese mañana será,
sólo y nada más que la
consecuencia de este
presente que tanto nos atrae. Se trata, pues, de una
postura irracional. Es
simple irresponsabilidad, imprudencia, temeridad.
Esta pérdida
o ausencia de miedo se da, tanto a nivel individual como a
nivel colectivo. Y,
cuando alcanza esas cotas, como ahora, la Humanidad y
la Tierra corren grave,
gravísimo peligro de morir en plena vorágine de
"hoy" y sin haber
pensado ni preparado un mañana que, aparentemente, no
tiene ya objeto.
La segunda manera de
perder el miedo se da, generalmente, a título
individual, cuando el
hombre se descubre a sí mismo como ser humano, se
estudia, se conoce, se
reconcilia consigo mismo, replantea su vida, sus
expectativas, su
posición en el universo y su escala de valores, se convence
de que la felicidad
está, y ha estado siempre, en su propio interior, la halla
y, consecuentemente,
pierde el miedo. Se ha convertido en un valiente, es
decir, en alguien capaz
de vencer conscientemente al miedo, en
desintegrarlo, en
volverlo a su verdadero ser: un sentimiento irracional.
Esta pérdida
del miedo que supone, al mismo tiempo, el hallazgo del
amor, se da, como he
dicho, y pocas veces, a nivel individual. Sin
embargo, lo mejor que
podría ocurrir a la Tierra y, consiguientemente, a la
Humanidad, es que la
mayor parte de sus componentes, y aún mejor todos,
alcanzasen ese grado de
valentía. Es el único camino para no desembocar
en la ley de la selva,
que nos haga tener que empezar a crear, de nuevo, la
civilización.