¿Y
tú no crees en Dios habiendo flores?
¿y
habiendo nubes y bebés y trinos,
y
arroyuelos y estrellas y caminos,
y
primavera y prados y colores?
¿Qué
es lo que te ha embotado los sensores?
¿Qué
te ha hecho sordo a los sones divinos?
¿Qué
te ha hecho ciego a los tonos más finos?
¿Y
qué te hace no ver tantos amores?
Abre
un instante los ojos del alma
sin
pensar, sin sentir ningún anhelo,
y
deja que, por dentro, todo en calma,
suenen,
callados, los ecos del cielo:
verás
cómo esas voces que te llaman
rasgan
ante tu vista el tenue velo.
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