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EXPERIENCIAS
Por Shirley Martinez (SILENE) (10/05/2009)
En
mis vacaciones, haciendo un balance de lo que pasó en el año,
empezó a plasmarse esta idea, que fue tomando forma y color cuando
la fui realizando.
Cada
vez que comía un grano de uva me parecía sentir un dulzor y
sensación diferente, como si mi paladar tuviera que preparase para
degustarlo y sacar mi propia conclusión sobre cuál de ellos estaba
más maduro, más ácido, más dulce, más placentero o más difícil
de asimilar.
Esto
me transportó a la idea de que un racimo de
uvas es un conjunto de experiencias para el
paladar de la vida: cada fruta es un aprendizaje, una prueba, un
desafió o simplemente un placer, que debemos experimentar, lo cual
se puede hacer saboreándolo u observando su color y tamaño de
acuerdo con su importancia. De todas esas experiencias aprendía algo
y su esencia quedaba en mi cuerpo.
Así,
al transitar por el Reloj de Arena de una vida humana, cada grano de
uva, al pasar por el punto más preciso, el más exacto para aprender
determinada lección, el que no podemos eludir; se ve comprimido con
el dolor del paso, dejando caer el jugo, dulce o ácido, de una
experiencia vivida, y separando el hollejo como cicatriz en el cuerpo
físico, y la esencia, como una nueva adquisición de nuestra alma,
formada por el zumo y el éter de su jugo.
La
vida esta representada por Un Reloj de Arena
con una atmósfera verde de esperanza para transitarla con optimismo.
Nuestro
Espíritu es inmortal; por eso se rompe el cristal del reloj, dejando
pasar las lecciones aprendidas para formar parte de la conciencia de
próximas vidas, y abandonando en el reloj solamente el cuerpo
arrugado de las pasas de uva en esta tierra.
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