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MI SUEÑO
por Francisco-Manuel Nácher
Como miembro de la Fraternidad Rosacruz,
tengo un sueño. Un sueño en el que veo que todos, tomados de la mano,
vamos hacia el futuro con confianza, con alegría, con fe en Dios y en
nuestro Cristo Interno, con determinación, con la seguridad de estar
hollando el Sendero correcto y aspirando a la meta más alta.
Es
un sueño en el que la ambición, el egoísmo, las desavenencias, el
odio, la murmuración, la calumnia, la envidia, el separatismo, la
impiedad, el olvido de las lecciones y de la luz en la que deberíamos
caminar se han trocado en amor inegoísta, amistad, alegría, gozo
espiritual, anhelo, aspiración, confianza, devoción, gratitud,
plenitud y felicidad.
Es
un sueño en el que no hay diferencias entre los estudiantes y
probacionistas de todo el mundo; en el que no se mira la lengua ni la
nacionalidad, ni el color ni el nivel cultural o económico; en el que
el Comité Directivo es consciente de estar formado por probacionistas
de todo el mundo, al servicio de estudiantes y probacionistas de todo
el mundo, sin ninguna distinción.
Es
un sueño en el que todos los miembros sabemos que somos Espíritus
Virginales y que, en última instancia, sólo podemos evolucionar si
evolucionamos juntos. Y que hay muchas más cosas que nos unen de las
que nos separan.
Es un sueño en el que todos fijamos
nuestra atención solamente en lo mejor. En el que la tibia brisa del
amor calienta nuestros corazones y el suave aroma de la fraternidad
perfuma nuestras vidas. Es un sueño en el que cobijamos a todos los
hombres en nuestro corazón y sentimos como propios sus dolores y sus
alegrías, sus tristezas y sus ilusiones, sus realidades y sus sueños.
Es un
sueño en el que somos todos conscientes de ser guardianes y
depositarios de un inmenso tesoro y de constituir una gran fuerza capaz
de cambiar el mundo. Y estamos seguros de nuestro éxito.
Es un sueño en el que las Enseñanzas
de Max Heindel, gracias a nuestro trabajo, se están expandiendo por
los cuatro puntos cardinales, y el mundo está aprendiendo a amar y a
pensar y a sentir y a compartir y a sonreír y a ver un amigo en cada
hombre y a trabajar por lo verdadero, lo bueno y lo bello.
Es un
sueño en el que cada uno de nosotros es importante, muy importante,
pero no más que ninguno de los otros.
Es un
sueño maravilloso en el que cada uno, en su trabajo, en su familia,
en sus actos, en sus pensamientos y en sus palabras, sabe, siente,
que todos juntos constituimos una gran unidad y que nuestro único
objetivo es hacer la voluntad de Dios.
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