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NO ESTAMOS SOLOS
Por Shirley Martinez
Interpretación del espectador de la obra:
“A pesar de contener una sola figura y, además, desnuda, no
nos produce sensación de soledad ni de desamparo, sino de armonía con el todo
que la envuelve y la arropa y hasta la arrulla y la alimenta: el sol la
acaricia, el agua refresca sus pies, la arena se somete a su pisada, el cielo
sonríe en mil colores, el faro la alumbra y ella va dejando tras sí sus huellas
que otros podrán seguir. Y el camino que le falta por recorrer está despejado,
porque la armonía lograda despeja siempre el resto del Sendero.”
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Texto explicativo de la autora sobre la
génesis del cuadro: Tras una reflexión sobre mi vida, comencé a analizar lo que
me sucedió cerca de los 21 años y, realmente, fue otro cambio brusco. En ese
momento en que me sentí muy, pero muy sola, comprendí que el único que siempre
estuvo allí, a mi lado, fue el Cristo, que me ayudó a salir. Entonces fue
cuando comencé a dibujar Cristos, reflejando su dolor en la cruz, derramando
sus lágrimas de sangre con el mismo dolor que yo sentía. Él me tomo de las
manos y realizó el milagro de recordarme el don de dibujar que venia conmigo de
otra vida. Empecé a recobrar la fuerza para vivir. Y cada vez que atravieso una
crisis me acuerdo de que Él esta allí.
En honor a ese despertar interno, una noche me imaginé
caminando por una playa serena, en un mar calmo de emociones, caminando
al atardecer, despojada de la vida material (por eso semi desnuda), con una
túnica de velos violeta, el color de la transmutación, y siempre siguiendo el
camino que me ilumina el Cristo (Faro). Las huellas son de mi ángel
guardián que no me deja sola.
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